La Coctelera

Categoría: General

El niño ya tiene cuenta en Flickr

Se pueden ver sus fotos organizadas en álbumes, por etiquetas o en la galería. El feed RSS correspondiente ya ha sido añadido en la sección de enlaces de la derecha. Y de regalo, una fotico:

restrospecter - el scout corrupto

Detalle de la estatua de Daniel O'Connell, O'Connell street, Dublín

Pintada en Lavapiés

Vendedor de Periódicos de Seis Años

La foto está tomada en 1910 en Sant Louis (Estados Unidos).
Debía ser un figura…

p.s.: post fusilado enteramente de La Druida de la Historia y del Arte, cuyo feed rss fue a parar hace unos días a mi Netvibes personal.

Nike - Leave Nothing

Este anuncio, a priori, no tendría nada de especial y no lo habría puesto por aquí de no ser porque:

  1. Está dirigido por Michael Mann.
  2. Mola. Mucho.
  3. Puede descargarse en formato de alta definición (HD) desde aquí.

Finlandeses, cervezas y verano

La semana pasada tuve la suerte/oportunidad de estar de cervezas con Janne, un finlandés que entre otras muchas cosas es el principal responsable del desarrollo de JSPWiki, un wiki open-source escrito en Java. Por motivos de trabajo, él y un colega suyo tuvieron que venirse a Madrid unos días y aproveché la oportunidad para conocerle. Creo que a estas alturas ya se lo he contado a todo las personas con las que me he cruzado, así que no voy a extenderme mucho en este punto.

La conversación fue en inglés, más o menos desde las diez pm hasta las cuatro y media am, de modo completamente ininterrumpido. Yo creí que gran parte de la conversación iba a consistir en explicarme o intentar describir alguna palabra española de la que desconociese su equivalente inglés, pero no, se ve que las cervezas activan el riego sanguíneo en el celebro (deben de tener un montón del L Casei Inmunitas ese o algo parecido) y no tuvimos problemas lingüísticos. En realidad, como yo también iba con un amigo, cada vez que había un problema de traducción finlandés -> inglés o español -> inglés había alguien de apoyo que cubría las espaldas. A lo que iba, que me pierdo, la conversación no paró ni en el primer bar, ni en el segundo, ni andando, ni en ningún sitio y debimos de tocar todos los temas habidos y por haber.

Además de pasarlo muy bien, fue algo bastante enriquecedor: otra manera de entender las cosas, otra cultura, distintos modos de ver los mismos hechos y, aún con eso, intereses comunes, las mismas inquietudes, dentro y fuera del trabajo. Llegué a casa con otra manera de apreciar las cosas y con la sensación de que por allá fuera hay muchas cosas por ver y que merecen la pena ser vistas. Me he quedado con ganas de salir fuera a perderme unos días en alguna ciudad en plan bohemio (entiéndase por bohemio como aquel sitio en el que se puede disfrutar tanto de ver piedras como de tomar una cervecita en una terraza, y ni siquiera tiene por qué ser en ese orden), estilo Roma, Praga, Dublín, Nápoles...

La penúltima vez

Hoy, además de firmar el finiquito con mi actual última ex-empresa, o precisamente por eso, en el autobús a casa ha ocurrido una de esas cosas que ocurren porque los Hados así lo disponen: he ligado sin yo proponérmelo. La verdad, no es algo que suela ocurrirme muy a menudo (bueno, en realidad sí, para qué voy a mentir), así que debe ser que se ha producido una perturbación en la Fuerza, o estas cosas ocurren y yo no me doy cuenta, o algo similar.

Recuerdo la última vez que me había sucedido algo parecido: era un día cálido, soleado de invierno (ahora con esto del cambio climático tenemos dos semanas de clima de Siberia y tiempo de mil demonios, mientras que en el resto de temporada disfrutamos de un solete la mar de agradable) y yo estaba escuchando música esperando a que un semáforo se pusiera en verde para los peatones.

Así andaba yo, como digo, cuando veo al otro lado del paso de cebra a una chica de unos veintitantos, de buen ver, con gafas de sol que, a pesar de no estar en línea recta conmigo, observo que me está mirando al mismo tiempo que yo hago lo propio. Hasta aquí todo normal, y no habría nada más que reseñar: un día cálido de invierno, yo estoy subiendo a casa a comer y la vida fluye cual alegre riachuelo y todo el mundo observa el transcurrir de la vida.

Y en esas estamos cuando, por el rabillo de ojo, observo como la susodicha señorita no parece quitarme el ojo de encima. ¡Zapateta! Discretamente, me propongo corroborar hasta qué punto es cierta esta aseveración. Realizo un pasado general, de izquierda a derecha para ver que efectivamente estoy ligando sin quererlo, y después otro de derecha a izquierda para verificar que, efectivamente, toda esta sucesión de hechos están ocurriendo en este mismo universo y además me están teniendo a mi de protagonista. ¡No lo puedo creer! ¡Estoy ligando sin yo hacer nada!

Mi ego sube, pienso que puedo darle la vuelta al mundo: soy el imán de las nenas; capaz de cualquier cosa, falta poco para que me elijan presidente del país. Y entonces el semáforo se pone en verde y todo confiado sigo hacia adelante y, cuando estamos a punto de llegar al mismo punto del paso de cebra, me fijo en sus ojos semi-cubiertos por las gafas de sol, y me doy cuenta: no es que me estuviera mirando a mi en vez de estar mirando en línea recta, estaba mirando en línea recta, solo que la susodicha señorita de enfrente tenía estrabismo...

En realidad toda esta historia no me pasó a mi, le pasó a un amigo mío (yo hoy volví a ligar sin quererlo en el autobús).

p.d.: me reservo el derecho a retirar este artículo, dado que hoy he estado de despedida de curro, he tomado demasiadas cervezas y, a pesar de haber podido escribir todo esto, he intentado abrir el portal de mi casa con el teléfono móvil (pero solo una vez eh).