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26 Octubre 2006

Dilbert recupera la voz

Lo leí después de comer en Microsiervos y antes también en Barrapunto, y es probable que siga saliendo en muchos sitios más. El autor de Dilbert, Scott Adams, ha conseguido superar una rara enfermedad que le impedía hablar de un modo normal. Y lo ha hecho de una manera que es como para quitarse el sombrero, estirar la alfombra roja y hacerle un monumento.

En Barrapunto han traducido el texto en el que el propio Scott Adams daba a conocer la noticia, que corto y pego porque, la verdad, poco más se puede añadir:

Como sabrán los lectores regulares de mi blog, perdí mi voz hace 18 meses. Permanentemente. Es lo que llaman disfonía espasmódica. Significa que la parte del cerebro que controla el habla deja de funcionar en algunas personas, normalmente después de que la fuerces luchando con las alergias (en mi caso) u otro tipo de laringitis. Sucede a la gente en mi intervalo de edad.

Pregunté a mi médico –un especialista en estos casos– cuánta gente había mejorado. Respuesta: Cero. No hay cura, pero los espasmos pueden ser detenidos unos meses con dolorosas inyecciones de bótox en la parte posterior del cuello y en las cuerdas vocales. Esto debilita los músculos, pero tu voz es débil.

Lo más extraño de este fenómeno es que el habla es procesado en sitios distintos del cerebro dependiendo del contexto, así que la gente con este problema puede, normalmente, cantar, pero no pueden hablar. En mi caso puedo desarrollar mi habla profesional normalmente hablando a grandes multitudes, pero apenas puedo susurrar y gruñir fuera de los escenarios. Y la mayoría de la gente con este problema dice tener más problemas hablando por teléfono o cuando hay ruido de fondo. Yo puedo hablar normalmente solo, pero no con otros. Esto hace que suene como un problema de ansiedad social, pero es simplemente un contexto diferente, porque a estas personas les puedo cantar fácilmente.

Dejé las inyecciones de bótox porque, aunque me permitían hablar unas cuantas semanas, mi voz era demasiado débil para hablar en público, así que mi estación del habla terminó hasta verano. Preferí mejorar mi voz en el escenario al precio de ser capaz de hablar en persona.

Mi familia y mis amigos se han portado. Leen mis labios tan bien como pueden, pegan la oreja a mis susurros, adivinan. Aguantan mis seis intentos de decir una palabra. Y mi personalidad está completamente alterada. Mi ingenio habitual se convierte en lento y deliberado y, muchas veces, cuando me cuesta decir una palabra, digo otra distinta porque mi atención está en el intento de hablar en vez de en pensar lo que digo, así que muchas de las palabras que salen de mi boca francamente no tienen sentido.

Pero ¿he dicho que soy un optimista?

Simplemente porque nadie haya mejorado antes no significa que no pueda ser el primero, así que, cada día, durante meses y meses, intenté nuevos trucos para recuperar mi voz. Me he visualizado hablando correctamente y me he dicho a mí mismo que podría. He usado autohipnosis, ejercicios de terapia vocal, he hablado en terrenos distintos, he observado cuándo hablaba bien y cuándo mal buscando patrones, he intentado hablar con acentos extranjeros y cantar palabras especialmente difíciles.

Mi teoría es que la parte de mi cerebro responsable del habla normal está aun intacta, pero, por alguna razón, se ha desconectado del camino a mis cuerdas vocales. Por eso deduje que debería haber algún modo de reconstruir esa conexión. Lo que tenía que hacer era encontrar el modo de hablar más similar (aunque lo suficientemente diferente) al habla normal que aún funcionase. Una vez pueda hablar en un contexto algo distinto, iría cerrando el círculo entre ese contexto y el normal hasta que mis caminos neuronales se rehagan. Esa es mi teoría, pero yo no soy neurocirujano.

Anteayer, mientras ayudaba en un trabajo de casa, noté que podía hablar perfectamente rimando. La rima era un contexto que no había probado. Un poema no es cantar y no es habla regular, pero por alguna razón el contexto es lo suficientemente distinto como para que mi cerebro pueda manejarlo bien.

"Jack be nimble, Jack be quick.
Jack jumped over the candlestick."

Lo he repetido docenas de veces, particularmente porque podía. No me costaba, me he divertido repitiéndolo, oyendo el sonido de mi propia voz trabajando casi perfectamente. He esperado mucho de ese sonido y del recuerdo de mi habla normal. Quizá la rima me llevó a mi propia infancia o quizá es sólo que era pegadiza. Me divertía repitiéndolo más de lo que debía. Entonces pasó algo:

Mi cerebro se reorganizó.

Mi habla volvió.

No al 100%, pero cerca, como un coche arrancando una noche fría de invierno. Y hablé esa noche, un montón, y todo el día siguiente, unas cuantas veces mi voz se iba, así que repetía la rima infantil y volvía. La noche siguiente mi voz era casi completamente normal.

Cuando digo que mi cerebro se reorganizó (remapped) es la mejor descripción que tengo. Durante lo peor de mis problemas cerebrales sabía con adelanto que no podría decir una palabra, es como si notara la falta de conexión, pero de repente, ayer, noté la conexión otra vez. No sólo podía hablar, sino que SABÍA CÓMO, el conocimiento volvió.

No sé si esto es permanente, pero sé que durante un día hablé normalmente. Y este es uno de los días más felices de mi vida.

Pero ya es suficiente sobre mí. Dejadme un comentario diciéndome cuál es el momento más feliz de tu vida. Sólo buenas noticias hoy, no quiero oír otra cosa.

Scott Adams
Fuente: Good News Day, 24-10-2006

Pensamiento profundo del día: Sea usted un optimista.

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